Biografía de Mony

Nacida en Canadá en 1965 en el seno de una familia inmigrante libanesa, pasé mis primeros años entre Canadá y el Líbano mientras mi familia decidía donde plantar sus raíces. Recibí mi primera educación en el Líbano y allí aprendí a hablar árabe, inglés y francés, pero con el comienzo de la guerra civil en 1975, mi familia retornó a Canadá donde completé mis estudios universitarios en ciencias y realicé un Master en Gestión de Empresas. Este último me preparó para mi carrera en Ventas y Marketing en la emergente industria informática de los años 90.

monyEl hablar sobre guerra y paz era habitual en nuestro hogar y también en la comunidad libanesa a la que, por otro lado, no estábamos muy ligados. Los así llamados "guerreros de butaca" se reunían para discutir lo que sucedía en el Medio oriente. Aunque ninguno apoyaba la violencia, existía simpatía por la causa Palestina. Crecí creyendo que la lucha armada era una medida justificable para derrotar a la tiranía y la opresión, y me sentía más interesada en la justicia que en la paz, creyendo que la única manera de conseguir la segunda era a través de la primera.

Sin embargo, mi incipiente espiritualidad me hizo cuestionar estas creencias. «¿Qué es verdaderamente la paz? ¿Qué es la justicia?» me preguntaba cada vez con más frecuencia. Sabía que la guerra no era la solución, pero la paz parecía ser muy esquiva. Quería dedicarle más tiempo a estas reflexiones y a mi propio camino interior, pero las exigencias del competitivo mundo de los negocios lo hacían imposible. Fue entonces cuando, en el otoño del año 2000, abandoné mi trabajo y mi carrera y comencé seriamente mi búsqueda personal.

Mi deambular en busca de respuestas me llevó a Egipto y a la costa Mediterránea hasta que, eventualmente, me encontré peregrinando en el Camino medieval de Santiago de Compostela, en el norte de España. Los 800 kilómetros de andadura revelaron que en mi alma existía una profunda añoranza por la paz, y un deseo de servir a su causa en el Medio Oriente. Un encuentro providencial durante el Camino plantó la semilla de un nuevo sueño: caminar de Roma a Jerusalén por la paz. Un mes más tarde, los ataques del 11 de septiembre en Nueva York me impulsarían definitivamente a ponerme en marcha.

«La paz comienza en nuestro interior», proclamaba a menudo durante mi camino a Jerusalén. Pero esta creencia se pondría a prueba una y otra vez. Con el tiempo, llegaría a comprender que el único viaje que puede traer esa paz que deseamos es el aparentemente simple, pero tremendamente elusivo, viaje interior. La paz que buscamos en el mundo no puede surgir hasta que su llama no sea primero encendida en nuestros corazones. Es una fuerza divina que susurra gentil, pero insistente, persuadiéndonos a mirar más y más profundo en los oscuros recovecos de nuestra alma, esparciendo su luz sanadora y liberándonos de nuestros miedos y limitaciones. Es un asombroso camino de liberación personal que, para mí, continúa hasta este día.

 

 

 

 

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